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La prensa alemana se refiere al vuelo de deportación forzosa del pasado 6 de junio, que salió del aeropuerto de Schönefeld de la capital alemana con rumbo a Madrid, como el «vuelo del horror», llevaba a bordo 90 extranjeros de diversas nacionalidades, 24 de ellos menores de edad.

Durante el trayecto los inmigrantes sufrieron violencia y malos tratos, además de medicamentos que fueron suministrados a la fuerza durante el recorrido hasta la capital española.

Según confirmó el Senado de Berlín tras la correspondiente consulta por vía parlamentaria, 49 agentes de policía, dos médicos y dos sanitarios, además de un traductor, acompañaban a los deportados.

Los pasajeros eran devueltos a la fuerza a territorio español en cumplimiento de la normativa Dublín III, que establece que los extranjeros deben solicitar asilo en el primer país de territorio europeo que pisan.

Varios de los refugiados que eran trasladados a España testificaron posteriormente sobre una serie de irregularidades como «golpes», «sedaciones» y «trato humillante» que han llevado a los partidos de la oposición, Los Verdes y La Izquierda, a presentar un requerimiento de explicaciones al Gobierno.

Varios de los deportados han relatado que un hombre mentalmente discapacitado fue sedado con una droga contra su voluntad y que otras personas fueron atadas a sus asientos, entre ellos una mujer que volaba con varios hijos pequeños y que estaba siendo separada de su marido, por lo que durante el despegue gritaba y lloraba desconsolada. Los mismos testigos aseguran que varios policías se rieron de ella y se burlaron también de otros inmigrantes que lloraban ante la escena.

Además, el Ministerio de Interior ha informado que uno de los inmigrantes fue introducido a la fuerza en el avión y que cinco de ellos volaron con cinturones inmovilizantes abrochados.

Los Verdes y el partido regional de izquierda Die Linke han exigido al gobierno de Berlín que aclare lo sucedido. “Si las acusaciones son ciertas, la Oficina de Inmigración estaría actuando completamente fuera del marco de actuación de la coalición y en ese caso debe ser la coalición la que lo discuta, para erradicar estas prácticas inhumanas”, ha declarado Katina Schubert, presidente de Die Linke.

En los primeros seis meses de 2018, Alemania ha expulsado en vuelos colectivos a otros países de Europa más del triple de migrantes que en el mismo período de 2017, según datos publicados por el Ministerio del Interior. Entre enero y julio de 2018, la Policía alemana envió a estados vecinos a 485 personas que se negaban a abandonar el país, en un total de 17 expulsiones conjuntas. El año anterior, el número de migrantes devueltos a otros países del viejo continente fue de 153 en siete vuelos colectivos y en 2016 de tan solo 26 en dos vuelos. A esto se suma otro número indeterminado de extranjeros expulsados en vuelos regulares o que abandonan el país por su cuenta después de recibir la notificación de Extranjería.


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